El agua había dejado de salir

El agua había dejado de salir

El agua había dejado de salir. Y ella, sin atreverse aún a abrir los ojos, tanteó el relieve de la pared hasta dar con la toalla. Los charquitos en el suelo de la ducha brillaron bajo la luz naranja, y dos hoyuelos, uno por mejilla, le sostuvieron la mirada un instante, antes de ocultarse tras … Sigue leyendo El agua había dejado de salir

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En llamas

Las cocinas ardían

Las cocinas ardían. Literalmente. Mientras, decenas de infantes —tal vez cientos— escapaban por el subterráneo que daba al bosque. El palacio, envuelto en una columna de humo que se elevaba hacia el cielo nocturno, se quemaba desde los cimientos. Horas antes, había tenido lugar un banquete sin invitados. La reina despertó en ese momento, rodeada … Sigue leyendo Las cocinas ardían

Íncubo

Íncubo

Una bruma cálida se interpone entre las paredes del dormitorio —en uno de los pequeños pisos abuhardillados, junto a la rivera, que el ayuntamiento alquila a recién licenciados y parejas jóvenes— y sus ojos miopes. Está oscuro y solo el leve resplandor de la luna, que despide la madera de la ventana, le ilumina el … Sigue leyendo Íncubo

Mercromina

Caperucita, no hay quien te entienda

Caperucita Mercromina. Adolescente e intransigente —elijase uno; el segundo, opcional—, animalista, vegana, iconoclasta, feminista, atea y un largo etcétera de imperdibles sobre la chupa; en fin, nada del otro mundo. Se siente roja, revolucionaria, cuando llena el muro de Facebook con frases de alquiler. Imágenes de hombres con el rostro velludo, por afeitar, muertos en … Sigue leyendo Caperucita, no hay quien te entienda