Veintitantos. He vivido en diferentes lugares, no me siento parte de ninguno. Prefiero alimentarme de sueños antes que de recuerdos, mirar hacia delante, cargar con lo imprescindible y olvidar lo que me estorba. Añoro un tiempo que jamás existió y que un día inventé. La melancolía es mi zona de confort, solía pasar largas temporadas allí, entre riscos y valles fluviales. Me estoy quitando.

Mi verbo favorito es el ser, reniego del tener (sobre todo para describirme). Soy más de emociones que de palabras, o de palabras cuando éstas se adaptan a lo que sentimos. No me gustan las etiquetas ni las personas que las utilizan como arma arrojadiza o carta de presentación; las primeras, por ser zonas comunes demasiado transitadas; las segundas, por no respetar las diferencias y por su forma cómoda y sesgada de relacionarse con el mundo. No odio nada ni a nadie. La indiferencia es mi humilde revancha contra lo que me hace mal. Discretas filias, ninguna gran fobia.

Siempre encuentro el lado bueno, aunque a menudo el malo se presente primero, con un beso en la mejilla. Acostumbro a expresar las ideas en términos negativos porque las afirmaciones suenan como mazos sobre una mesa; diré «no está mal», en lugar de «está bien», a partir de ahí, tú eliges. Pocas veces estoy seguro de lo que quiero, tengo muy claro lo que no. Me cuesta decidir. Intento mantenerme fiel a mí mismo, pero ¿es eso posible? Soy una persona de matices, contradictoria y cambiante. O eso creo.

Entusiasta, responsable, comprometido, perfeccionista, introspectivo y escéptico. Tolerante, flexible y comprensivo. Sé escuchar a los demás y respeto su opinión. ¡Pero no pienses que me voy a quedar callado si tratas de imponerme tus creencias! Diplomático, o peleón si algo me importa demasiado. Me cuesta aceptar la autoridad. No tengo prejuicios de ningún tipo (o más bien procuro hacerles frente, nunca se está del todo libre de ellos).

La música fue una parte importante de mi vida, la lectura lo sigue siendo. Rescaté el dibujo y la escritura. La curiosidad infinita me lleva a hacer esto y lo otro. Me considero creativo, disfruto cuando puedo expresarme de la forma que sea. La ciencia es creatividad y descubrimiento. Mi único credo es el binomio mente-cuerpo, necesito atenderlo para sentirme bien. Amo hacer deporte. Me encanta comer y considero a los cocineros unos artistas y a la cocina una actividad de lo más relajante.

Era una persona ambiciosa hasta que me di cuenta de que no necesito más de lo que ya encuentro en mi interior. Decidí bajarme del tren y rompí cuanto reloj encontré a mi alrededor. Ahora camino a pie, sin hora, con la convicción firme de que el mejor momento para cada cosa lo elijo yo. Con el tiempo jugando a favor.

Lo único que me roban los años es la timidez. Menos mal.

Besitos dulces.

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Y pompas de jabón…